domingo, 17 de junio de 2007

Sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.



DOMINGO X DELTIEMPO ORDINARIO, ciclo C.
17 de junio de 2007
EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 7, 36-8, 3

No es novedad que aquí en España estamos de exámenes, y que los sufrimos todos, los jóvenes, los padres, los abuelos y hasta los confesores. Digo, hasta nuestros políticos que acaban de pasar un examen con las elecciones.
Pues nuestro fariseo, Simón, invitó a Jesús con animo de examinarlo de profetismo, para asegurarse si Jesús era o si no era profeta… y por cierto que cuando vio como aceptaba el cariño y las lágrimas de la pública pecadora lo suspendió sin remedio: “si este fuera profeta sabría quien es esta mujer”. De lo que no se dio cuenta el buen Simón es de que, al mismo tiempo, él estaba pasando un examen. Y aunque estaba contento de cómo llevaba sus asignaturas, se le olvidó una especial.
Fariseo, estricto cumplidor de todas las leyes, todos los ayunos cumplidos, oraciones al entrar y salir de casa, limosnas al Templo, asistencia ejemplar a la sinagoga y muchos lavatorios de pies y manos para no contaminarse con nada, ni con nadie. Hasta el susto que le dio la irrupción de una mujer, y tal clase de mujer, en un banquete estrictamente para hombres, vino a confirmarle en lo bien que llevaba él todo con Dios, porque él nunca había caído tan bajo como ésa, como esa mujer pecadora. Y aquí comenzó a echar de menos su olvidada asignatura.
Por su parte, aquella mujer, que se saltaba todas las normas sociales llenas de hipocresía, venía arrastrando asignaturas pendientes toda su vida, y había llegado a tener una bola tal que no sabía por dónde salir. En algún pequeño rincón limpio de su corazón ardía un enorme deseo de dejar de ser cosa, de dejar de ser objeto de mercado, de empezar a ser considerada persona, de encontrar una mirada limpia, un corazón limpio que iluminase la suciedad de su alma y de su cuerpo. Y encontró la mirada de Jesús y su pobre corazón explotó en muestras de agradecimiento.
Y Jesús se olvidó de todas sus asignaturas pendientes y no miró más que lo bueno de aquel rincón de su corazón, su deseo de salir del fango, su amor y su gran agradecimiento. Y la mujer consiguió la aprobación de Jesús: “¡tus pecados están perdonados!”… y a Simón no le valieron sus perfectos esquemas, porque para Jesús la asignatura del amor es definitiva.
“Simón tengo algo que decirte”. ¿Cada uno de nosotros no podría ser interpelado por el Señor de esta manera?
--tengo algo que decirte… que ante Dios no es el número de buenas obras lo que cuenta.
--tengo que decirte… que no es el cumplimiento externo de normas y leyes.
--tengo que decirte… que no es lo importante lo satisfecho que estás contigo mismo, sino lo que Dios piensa de ti.
--tengo que decirte… que aun la fe no vale nada sino va acompañada de obras de amor a los demás.
--tengo que decirte… que los juicios de Dios son enteramente distintos a los de los hombres
--tengo que decirte… que nunca hay razón suficiente para despreciar a nadie, aunque sea una pública pecadora.
Acabó el banquete…
**y Simón se quedó en casa con sus libros de cuentas en rojo, como si nunca en su vida nunca hubiera ingresado nada.
**la mujer se fue en paz, en paz con Dios, en paz consigo misma, solo la sociedad hipócrita seguiría marginándola
**y Jesús se marchó, de ciudad en ciudad, acompañado de mujeres como la pública pecadora, sin sonrojarse por ello, sin hacer caso de la prudencia que le hubiéramos aconsejado nosotros, si le hubiéramos mujeres de la calle de la Cruz, de la Montera o de la calle Valverde… por mucho que nos asegurasen su conversión. A Jesús no le asustan los escándalos, a Jesús solo le asusta y le duele la dureza de nuestro corazón.

1 comentario:

Casih dijo...

Hola Roberto que tal?
yo estoy bien gracias. estoy caminando en este ultimo año de seminario, el año pastoral. Quiero que des un saludo, a todos de la mesa de los camioneros, e estoy con "saudades" de todos.
Un especial saludo para ti!
casimiro